Bartra define al
mexicano así: “el mexicano es un ser anfibio (axolote), que oscila entre el
salvajismo rural de los indios melancólicos y la agresividad artificial y
alburera de los pelados de la ciudad. Entre el indio agachado y el pelado
mestizo se tiende una línea que pasa por los principales puntos de articulación
del alma mexicana: melancolía – desidia – fatalidad – inferioridad – violencia
– sentimentalismo – resentimiento – evasión."
Esta frase está
llena de simbolismos y reflejos de la realidad cultural actual en la que
nuestro estereotipo varía para la visión de quién nos observa; por ejemplo, es
normal encontrar en las caricaturas americanas al típico indio bigotón con
sombrero y una botella de tequila representándonos, cosa que refleja esa
inferioridad que repercute en nuestra cultura, ya que nuestra historia nos
provee una cruda realidad: México siempre ha estado al servicio de otros. En la
época colonial se puede apreciar que la Nueva España proveía a España de muchas
cosas para su manutención; nuestras riquezas naturales como la plata o
inclusive el mismo cacao fueron extraídas de nuestro país para ser llevadas al
Viejo Mundo; inclusive hoy podemos apreciar la subordinación de nuestro cuerpo
ejecutivo (y años atrás también) a las grandes potencias, y sobre todo, a
nuestro país “hermano y vecino”, Estados Unidos de América. Hacer mención de
este país nos brinda un claro ejemplo, aunque simple, de nuestra falta de
identidad (o la inferioridad que sentimos de la nuestra) y de esta subordinación que genera en la
cosmovisión del pueblo inferioridad: Estados Unidos de América – Estados Unidos
Mexicanos. ¿Se fija usted? Nuestro nombre oficial tiene cierta similitud… ¿o es
mi crisis de identidad la que me hace ver estos espejismos?
Octavio Paz
menciona en su aclamado libro El
laberinto de la Soledad lo siguiente: “el sentimiento de
inferioridad influye en nuestra predilección por el análisis y que la escasez
de nuestras creaciones se explica no tanto por un crecimiento de las facultades
críticas a expensas de las creadoras, como por una instintiva desconfianza
acerca de nuestras capacidades.” En líneas anteriores a estas, Octavio Paz
marca que la cultura y el nacionalismo no es algo que esté presente en todos,
ya que la ignorancia de los elementos nacionales provee la falta de identidad,
dice que es necesario sumergirnos en estos elementos para poder encontrar
nuestra identidad. Con lo anterior, si no conocemos lo que nuestro, es más
complicado crear algo que nos identifique, por lo tanto, si no hay creaciones
con elementos de identidad, ¿dónde queda nuestra identidad? He ahí donde reside
la inseguridad del mexicano.
